Hace una semana mi pequeño rincón olvidado cumplió 4 años... Casi nada!!! Tengo un ritual. Cada año, cuando llega esa fecha, me voy al archivo y reviso los post que he escrito... No todos, claro, simplemente empiezo de atrás hacia delante y releo los que de repente me llaman la atención... También me permite recordar esas épocas más o menos fértiles en publicaciones y revivir recuerdos. Con estas cosas pasa como con los olores, son pequeñas sutilezas que de repente activan algún flashback en tu cabeza y te ves otra vez en aquel bar en el que podías colgar tus miedos del techo o atravesando el atlántico por primera vez. También aprovecho y leo alguno de los comentarios, y eso me sirve para hacer una pequeña recopilación de la gente que se ha cruzado por mi vida estos cuatro años (aunque sea virtualmente). Y eso me hace saltar, aunque solamente sea por referencias, a la frase de Fritz Perls que encabeza mi blog:
No estoy en este mundo para llenar tus expectativas
y tú no estás en este mundo para llenar las mías.
Tú eres tú y yo soy yo,
y si por casualidad nos encontramos, es hermoso.
Si no, no hay nada que hacer
Curioso... Empecé a escribir caso por necesidad, por terapia psicológica automedicada. A lo largo de mi vida he tenido varios intentos, más o menos fructíferos, de dar forma plástica a algunas inquietudes... Coleccionaba cuadernos en los que iba apuntando y guardando pedazos de viajes y eventos, y la verdad es que con el número de horas que paso delante del ordenador me pareció que la forma más sencilla de seguir con esto era a través de un blog. Recuerdo aquella pequeña declaración de intenciones, aquella idea primigenia, informe y burda, aquel "bueno, aquí estoy y ya veremos qué es lo que sale..." La verdad es que la cosa no ha salido nada mal, al menos eso creo... Prueba de ello es que, aunque la idea inicial era permanecer en el más absoluto anonimato, al final acabé presentándome en la primera fiesta coctelera... Una locura de lo más curiosa, ya que me planté allí sin conocer a nadie en persona y sin que nadie me hubiese visto nunca la cara. No sabía qué es lo que podía pasar, incluso en algún momento me planteé que si entraba y no me sentía cómodo, podía darme la vuelta y desaparecer... En fin, no debió estar tan mal si tengo intención de repetir, no??
Esto que voy a decir chirría en mis oídos y revuelve mi estómago, pero cuando te vas haciendo mayor la vida se acelera... Todo va rápido, todo pasa deprisa, te vuelves un esclavo del reloj y pasas de disfrutar del día a optimizarlo (odio esta palabra). El otro día me sorprendí pensando algo casi obsceno. Estaba revisando lo que me esperaba durante la semana y empecé a pensar en el número de horas que iba a dormir cada día y a qué hora tenía que acostarme para no morir en el intento... Desgraciadamente, y a pesar de que cada cierto tiempo me doy cuenta de estas cosas y me planteo que tengo que cambiar, al final las cosas siguen más o menos igual... Lo de siempre, cuando hay ganas de escribir no hay tiempo y cuando hay tiempo, no hay ganas. Y lo peor de todo esto es todo lo que te dejas atrás... Todos esos borradores que carecen de sentido porque ya no eres capaz de recordar la frase que debería ir después... O todas esas personas con las nos vamos encontrando a base de post y comentarios, y como ya he dicho antes, es hermoso. Esas personas que de repente un día desaparecen, cierran su periplo por el cyberespacio y te dejan con ganas de más...
Eso me recuerda mi teoría de los momentos que se van y los besos que se pierden... Todo tiene su momento y su lugar, y los momentos que se van se pierden para siempre. Siempre pensé que esta escena ilustra perfetcamente esos momentos que se dejan pasar peligrosamente, arriesgándonos a que no vuelvan nunca más... Y todos nos hemos visto en una situación similar...
Qué fácil es eso del Carpe Diem, y qué complicado es llevarlo al día a día...




Duermo mal porque el gato de mis amigos madrileños ha decidido que sería divertido dormir conmigo, pegado a mi cara. Y como el cabrón sabe abrir puertas, no he conseguido enganchar más de dos horas de sueño seguidas.
Me despierto con el tiempo justo, no desayuno, me ducho con agua helada porque por algún motivo extraño no salía agua caliente. Afortunadamente eso me ha servido para despertarme del todo...
Se me rompe el conector del cargador del ordenador, así que me ha tocado irme a comprar uno. Eso significa que me he comido otra vez el atasco de la M-30... Como se me hacía tarde, he aprovechado y me he ido directamente a una cita que tenía con unas personas, pasando de comprar el cargador. He pensado que total, cuando acabase, me acercaba a algún centro comercial y ya lo pillaba luego, antes de volver a la oficina.
Como la cita era en una obra, me he llenado los bajos de los vaqueros y las botas de un polvo blanco finísimo que no consigo que desaparezca, y además se extiende por todo lo que toco. (Cazadora, blanca. Carpeta y agenda negros, ahora blancos...)

Mi amiga M. está enferma, y el novio está en el trabajo, así que aprovecho y le echo una mano, bajo a la farmacia y demás (seguro que con el día que llevo, me pega el catarrazo)



abeza para siempre... Desde muy pequeñito he tenido afición por la música. La parte clásica se la debo a mi padre, y la parte pop a María José, una amiga de la familia que me regalaba por navidades y por mi cumpleaños un disco. De hecho, cuando cumplí 10 años me descubrió a Queen al regalarme "A Kind of Magic". Recuerdo que pocos meses después fuimos
de visita a su casa, y me preguntó que si me había gustado Queen. Cuando le conté que me encantaba y que lo escuchaba a todas horas se levantó, sacó el "Greatest Hits I" de entre sus discos y me lo regaló, mientras mis padres protestaban, sobre todo mi madre que decía que esos no eran regalos para niños. Bueno, a mi madre nunca le ha gustado mi afición por la música, nunca entendió que me gastase mi dinero en discos, y aún hoy me dice que los CDs me acabarán echando de mi cuarto...
De la muerte de Freddie recuerdo sobre todo el follón que se montó. Por aquel entonces yo no sabía lo que era el sida, ni comprendía demasiado por qué la gente estaba más pendiente de la enfermedad que había acabado con la voz de Queen que del hecho de que había desaparecido el alma de uno de los mejores grupos que ha existido. Yo, por mi parte, lo único que pensaba es que me había quedado sin una de mis ilusiones, asistir a un concierto de Queen. Hace un par de años estuve en el Palacio de los Deportes de Madrid viendo a Queen con Paul Rodgers.
Bueno, en realidad solamente estaban Roger Taylor y Brian May, actual rector de la John Moores University de Liverpool (al parecer es doctor en astronomía, era un estudiante brillante del Imperial College de Londres y ha publicado un libro llamado ¡Bang! La Historia Completa del Universo). El concierto fue genial y me sirvió para quitarme un poco la cosilla de encima, pero claro, supongo que no será lo mismo que haber visto a Queen en todo su esplendor...



