Wake up and smell the coffee
Cuando abrí los ojos esta mañana todo seguía oscuro. Tengo un yo masoquista que adora despertarse muy pronto, cuando toda la habitación sigue totalmente a oscuras, para disfrutar de esos momentos en los que uno no sabe si tiene los ojos abiertos o cerrados, y aprovecha para darse media vuelta y murmurar entre sueños que le queda media horita aún... Esos momentos tienen algo especial, todo parece más nítido. Muchas veces mi pepito grillo particular l
os aprovecha para leerme la cartilla y darme un tirón de orejas cuando lo merezco… Y hacía tiempo que lo estaba mereciendo, pero supongo que mi conciencia estaba de vacaciones, disfrutando del sol en alguna playa de arena blanca, mientras mi vida seguía adelante sin nadie al volante…
Por eso hoy no solamente he disfrutado de ese momento especial de la madrugada, con la cara vuelta hacia la pared y encogido en posición fetal bajo el edredón, con una mano entre las rodillas y la otra tapándome la cabeza (vaya pose grotesca…). También me he dado cuenta de que llevaba mucho tiempo durmiendo profundamente. He dejado que mi mente se metiese en un laberinto absurdo, en el que los fantasmas de conjuras y envidias absurdas consiguieron que diese vueltas y vueltas hasta que, mareado, me senté en el suelo y me olvidé de pensar. Qué fácil es olvidarse de uno mismo y mirarse en el espejo que nos enseñan los demás, sin darse cuenta de que a veces nos engañan con lentes deformes que nos devuelven la realidad distorsionada.
Y eso acabó por ocupar el centro de mi vida. Al final acabas dejándote arrastrar por una corriente de ideas, nacidad vete a saber en qué oscuro rincón de la mente más retorcida, y lo que es peor, creyéndotelas. Olvidas que el que lleva el timón eres tú, que no se puede dejar el navío al pairo y esperar que la tempestad pase y te lleve a playas soleadas. Eres tú el que tiene que mantener el rumbo aunque sea contra las olas y contra el viento. Y para eso lo principal es tener claro tu rumbo...
Supongo que, por muy seguro que estés de tí mismo y por muy claras que estén tus ideas, el virus de la desidia siempre está ahí esperando un momento de flaqueza para convertirte en un indolente, en una cáscara de nuez agitada por las olas, insensible a los estímulos del entorno. Por lo menos sé que ha llegado el momento de dar un golpe sobre la mesa que me despierte de este estado de duermevela. Cambiemos el libro, abramos uno de "elige tu propia aventura" y pongámonos a ello, que ya hace demasiado tiempo que nos llevan de aquí a allá como si esto fuese un teatro de marionetas...

esperemos que esto sea el principio de muchas cosas nuevas...







lasrecetasdeteresa dijo
Hola Muchos tendríamos que tener un pepito grillo, para que nos diera ese tirón de orejas de vez encunado y nos hiciera volver a la redilad. Un Abrazo
11 Diciembre 2008 | 03:52 PM