La verdad es que hace tiempo que tengo un capricho. Me quiero comprar un juego de vasos de absenta, otro de cucharillas, y evidentemente, el licor. Recuerdo que en algunos bares de mi ciudad te ponían chupitos de absenta (en España siempre ha sido legal) que te levantaban un dolor de cabeza horrible. Supongo que tendría mucho que ver con ese dolor la baja calidad del alcohol que servían, pero bueno...

El caso es que me tengo ese capricho tonto desde hace tiempo, comprarme una buena botella de absenta para ocasiones especiales. Debe formar parte de mi lado más snob (que lo soy, no lo dudo), o de ese bohemio-gótico-romántico-queseyo frustrado que soy (todo depende del momento). Hombre, tampoco creo que me vuelva loco como Toulouse Lautrec o Van Gogh, parece ser que, por ley, el porcentaje de tuyonas (alucinógenas) es mucho más bajo que antiguamente. Pero bueno, quién sabe, puede que a pesar de todo reciba la visita del hada verde...

Mirad qué página he encontrado sobre el mundillo del absenta...