Bueno, se acabaron las vacaciones... Back to real life...

Como el adicto que soy, lo primero que he hecho nada más llegar a casa ha sido encender el ordenador y consultar mi correo. Bueno, lo segundo, lo primero fue dejar la maleta encima de la cama (jeje) y ponerme el último cd de Amaral.

Dejé que el Outlook se ocupase de descargar mis mails mientras me dedicaba a vaciar la maleta. Sorpresa!! miro al ordenador y tengo 40 mensajes nuevos. Y eso que me fui hace 4 días... Pero como suele suceder, 30 se los debo a un conocido del colegio que se aburre en el trabajo y nos manda a los demás todas las fotos curiosas, vídeos tontos, chistes viejos, cadenas para que encuentres el amor verdadero (como si fuese tan fácil) y presentaciones chorras de Power Point que le pasan por las manos (o por la cuenta de correo). Entre los demás mails destaca uno. Es el de un viejo amigo colombiano, Jorge, al que conocí en Francia. Es de las pocas personas con las que aún tengo contacto y que no me han dejado esa sensación de vacío con el paso del tiempo. Sabéis a qué me refiero?? Seguro que sí. A todos nos ha pasado con los compañeros del colegio, de la universidad, de algún campamento, vacaciones, etc... La sensación de vacío a la que me refiero es la siguiente: pasas tiempo con una serie de personas, compartes muchas cosas, se ganan tu confianza (más o menos) durante ese periodo que compartes con ellos... Luego llega el momento de la despedida, llena de frases como "ya sabes que cuando quieras venir a -nombre de tu ciudad- no tienes más que llamarme, te quedas en mi casa y verás la que montamos", "tío, escríbeme, vale?? que te voy a echar un montón de menos", "este verano nos juntamos y nos vamos de vacaciones", y tantas y tantas frases parecidas. Y luego, el silencio... Mandas un mail y no hay respuesta (y ojo, yo también lo hago, no voy a ir de santo ahora). Cada cual retoma su vida más o menos en el punto en el que la dejó y se olvida... En fin, afortunadamente otras personas quedan ahí, formando parte activa de tu pasado. Y aunque te limites a mandar tres mails al año y dos llamadas de teléfono, sientes que siempre están ahí...

Bueno, el caso es que el mail de Jorge era para decirme que se casaba. Genial!!! No os imagináis la alegría que me dió recibir esa noticia. Cuando yo conocí a Jorge no atravesaba su mejor momento. El caso es que conectamos enseguida porque, salvando algunas diferencias, nos encontrábamos en una situación muy similar. En parte él huía de un desengaño en Colombia y buscaba una nueva perspectiva lejos de allí, y yo buscaba tener otra perspectiva de mi vida y salir de una rutina que me estaba aletargando... Y cuando te encuentras lejos de tu casa y de tus amigos valoras mucho tener cerca de tí a una persona que te comprenda y con la que puedes compartir tus pequeños temores y angustias. Recuerdo cuando él tenía un bajón de moral, agarraba una botella de vino y se presentaba en mi casa, no importaba la hora, para compartir conmigo sus preocupaciones, y mientras la botella iba bajando nuestra moral iba subiendo. Al final todo tenía una solución, las penas se disipaban y nos parecía que al día siguiente nos íbamos a comer el mundo a bocados. Pero sobre todo recuerdo el día en el que nos contó que su padre tenía que ir a hablar con una guerrilla que le amenazaba de muerte si no pagaba una cantidad de dinero. Pasó tres días sin dormir, pegado al teléfono, mientras los demás nos organizábamos como podíamos para acompañarle...

Por todo esto me alegro muchísimo por Jorge, una persona que ya ha sufrido todo lo que se tiene que sufrir en la vida y se merece que a partir de ahora sólo tenga alegrías... ENHORABUENA, TÍO. Sólo me arrepiento de no poder acompañarte en ese día tan especial...