Continúo con la crónica del viaje relámpago a Londres... El que acabe de llegar, mejor que se lea antes el capítulo anterior "Londres I" para saber de qué va el tema...

Nuestro segundo día en Londres empezó de una forma un tanto particular. A ver, empecemos... para reafirmar mi teoría de que este país está mal hecho, resulta que en verano amanece a las 5 de la mañana (más o menos) con lo que yo, que soy de los que duermen pocas horas, me desperté a las 5:30 sin tener muy claro si es que se me había parado el reloj o qué pasaba, porque parecía que eran las 9 de la mañana. Un rápido vistazo al reloj del móvil me confirmó que no se me había parado el reloj, así que supuse que sería algún tipo de broma del destino, el sentido del humor británico o vete a saber. Afortunadamente había cortinas (nota mental: cerrar las cortinas para que no me vuelva a despertar el sol), y ya que estaba aburrido y no podía despertar a los demás (prohibido molestar en horas de sueño bajo pena de catapulta, me habían dicho) pues opté por dormirme otra vez. Pero no, tuve tan mala suerte que una de las chicas que venía con nosotros decidió que para qué iba a cambiar la hora al reloj del móvil, mejor dejar la hora española, y que si la alarma del móvil tenía que sonar a las 8 de la mañana en Londres, pues eso equivalía a las 7 de la mañana en España... Resultado: a las 6 de la mañana, hora de Londres (recordemos que allí es UNA HORA MENOS, CRISTINA!!!) y justo cuando estaba volviendo a pillar el sueño, empezó a sonar el maldito móvil de la niña... Al final (y tras confiscar el móvil y encargarme yo de poner la alarma a la hora que tiene que ser) conseguí dormir otro ratillo, hasta el toque de diana oficial a las 8 de la mañana (LAS 9 EN ESPAÑA, VALE NIÑA???)

Después de todas estas peripecias, desayuno en el hostal y rumbo a la Torre de Londres. Armados de valor y de nuestro mejor inglés (el que hablaba Toro Sentado y poco más) nos dirigimos a las taquillas del Metro para comprar los tickets, conseguir mapas, folletos,... Nos ponemos delante de la ventanita, respiramos hondo, nos acordamos de la profesora de inglés de COU y, justo cuando vamos a pedir los billetes, la mujer que estaba al otro lado de la ventanilla empieza a hablarnos en Español, a llenarnos las mochilas de mapas y a recomendarnos los abonos de día (zonas 1 y 2) para nuestros desplazamientos por la ciudad. Decidido, nunca mandaré a mis hijos a aprender inglés a Londres...

Bueno, ya estábamos totalmente equipados, así que nos dirijimos a la Torre de Londres. La verdad es que la entrada a la Torre es un rato cara (16€ más o menos) pero merece la pena. Lo primero que ví me decepcionó un poco, porque los famosos Beefeaters no iban vestidos como el tipo de la botella (debo beber menos) sino como los que véis en la foto. Eso sí, la mayoría lucían una hermosa barriguita, parece que forma parte del uniforme... Por lo demás, la Torre está muy bien. Lo primero que visitamos fue la parte más tenebrosa, es decir, las celdas y los calabozos, la Torre Sangrienta, el patíbulo donde Enrique VIII se "divorciaba" de sus mujeres y las salas en las que se cuentan leyendas sobre asesinatos, presos desaparecidos y fantasmas. Después visitamos un edificio en el que hablan de la monarquía inglesa, los distintos reyes que ha habido, un vídeo de la coronación de Isabel II y las joyas de la corona. No sé si son verdaderas o falsas, pero la verdad es que aquello era alucinante. En una de las coronas había un diamante que era más grande que una pelota de golf... Había cetros, cuberterías de oro, coronas, espadas, jarras, una ponchera de oro macizo que es más grande que mi bañera... Impresionante, de verdad.

Y continuamos por la Torre Blanca, que es el edificio que está en medio del recinto de la Torre. Es el edificio que se ve en la primera foto que he puesto en este post. Bueno, allí pudimos ver las antiguas salas normandas, la capilla, y luego, en distintas salas, colecciones de armas, armaduras, cañones, rifles y esas cosas. Y más abajo, una horca, un patíbulo donde cortaban cabezas y un par de instrumentos de tortura (no me gustaría quedarme allí de noche) Ah, se me olvidaba, y una sala donde se exiben armas y objetos recuperados de los naufragios de la Armada Invencible (graciosos, los niños...). Y bueno, la Torre en general no tiene mucho más, vimos los famosos cuervos (son enormes, parecen pavos), paseamos por las murallas y por algunas otras habitaciones y vimos el Puente de la Torre desde la muralla que da al río, nos hicimos algunas fotos con los Beefeaters, otras haciendo guardia en una de las garitas (como siempre, buscando que nos echen del país a patadas) y pusimos rumbo al British Museum.

Nos costó un poquito llegar, todavía andábamos un poco peces en eso de callejear por Londres, y además había algunos problemillas con el Metro ya que todas las líneas que pasaban por King's Cross estaban cerradas por culpa de los atentados. Además, como íbamos pendientes del nombre de las calles, del mapa y de si hay que ir por aquí o por allí, nos olvidábamos de algo importantísimo: aquí se conduce por el otro lado... Me imagino lo que pensarían de nosotros los taxistas londinenses cuando nos veían cruzar tan decididos y mirando hacia el lado contrario de la calle...

Finalmente llegamos al British Museum prácticamente ilesos. El museo al principio nos decepcionó un poco, aunque es normal, estábamos cansados y no teníamos cuerpo de museo. A la única que no le decepcionó fue a C, que fotografió TODAS las momias que había en las salas... Decidimos hacer una pausa, comer y tirarnos un rato fuera del museo a descansar, y la verdad es que fue una gran idea porque después de descansar el museo parecía otra cosa. La verdad es que el edificio del British es precioso, sobre todo el vestíbulo. Me pareció precioso. Y la biblioteca es otra maravilla, qué preciosidad... Vimos también la piedra de Roseta, la zona de Egipto (otra vez las momias), Grecia, Roma, Mesopotamia... El Partenón (pensábais que estaba en Atenas?? Pues no, lo vaciaron y se lo trajeron a Londres), y luego unas salas dedicadas a Oceanía, India, Korea, Japón,... Un Moai de la isla de Pascua, totems, y bueno, la verdad es que no estaba mal, aunque yo me quedo con la parte de arqueología, estaba realmente bien...

Y bueno, el día no dió para mucho más porque estábamos rendidos... Nos volvimos al hostal, nos dimos una ducha y descansamos antes de salir a dar otra vuelta por el centro de la ciudad, cenar fish and chips (esta vez sí que teníamos más ganas de buscar un pub donde comer algo) y tomar unas cervecitas mientras preparábamos los planes del día siguiente. Y bueno, para pasear por Leicester Square, Charing Cross y esa zona, ya que estaba lleno de gente, había muchísimo ambiente y la verdad, apetecía quedarse por allí paseando... Y después, a sentarnos tranquilamente a charlar y a ver a la gente pasar en Picadilly Circus. Esta plaza sí que es genial, no sé qué tiene pero el sitio me ha encantado, tiene algo especial. Te da la impresión de que si te sientas allí sientes el pulso de Londres, ves cómo se mueve la ciudad... No sé, me encanta. Bueno, y Londres en general me estaba encantando. Reconozco que una ciudad de 15 millones de habitantes tiene que tener mucha vida a la fuerza, pero no sé, hay algo muy particular en Londres... En fin, ya va siendo hora de irse a la camita así que mañana, tercer día de nuestro viaje relámpago a Londres...